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Máscaras anciosas


...“Hoy todo parece estar al alcance de la mano, todos somos niños en el palacio de los juguetes: la ropa, la droga, los autos, la comida, el sexo, el porno, los otros, los cuerpos, los disfraces, las identidades, el entretenimiento y la diversión, la información, los chiches tecnológicos, el amor, los misterios, el horror. No hay resistencia alguna que no resulte fútil o pueril, o autoritaria y bestial: sencillamente se trata de robustecer el metabolismo, dejar que se aceleren los flujos de la vida, dejar que se encadenen el apetito con la satisfacción, la demanda con la oferta. Dejar, casi pasivamente, que ocurra esa ansiedad vital. A todo nivel y en todo registro.
Y después esperar que esa liberación de la energía vital comience a dar beneficios (mercado, consumo, especulación, desproletarización de la fuerza de trabajo, etc.). El sujeto-bebé, así creado, entiende que entre su apetito y la satisfacción no hay nada, no se levanta algo como lo social, y si siente hambre y ve un choripán, allá se dirige, rompiendo todo a su paso, sin calcular costos ni consecuencias. Daños colaterales...

Sandino Nuñez (Violencia y valor de Cambio)